La poesía de Paul Muldoon se mueve con naturalidad en el terreno del desvío del sentido esperado, de las formas simples o predecibles, de lo lineal. Leer e interpretar a Muldoon no es para nada sencillo; exige estar dispuesto a enfrentarse al desconcierto y transitarlo, o bien a darse por vencido y abandonarlo. Incomoda, pero no nos deja indiferentes, nos interpela, nos atrae para que reflexionemos, busquemos, exploremos, arriesguemos. Tal vez no quedemos totalmente satisfechos tras la lectura; sin embargo, algo nos sucedió, nos convocó y nos sorprendió al abordar su poética, y eso ya es mucho.
Desde esa perspectiva, propongo acercarme a su obra, a través de uno de sus tantísimos poemas, extraído del poemario Hay (Heno), incluido en Poemas Selectos 1968-2014. Esta antología, publicada por la editorial argentina El Cuenco de Plata, reúne cuarenta y cinco años de trabajo del poeta (él mismo realizó la selección de esta antología) e incluye la valiosa y osada traducción de Pablo Ingberg, licenciado en Letras y traductor literario. Es una edición bilingüe, que aporta, además, comentarios muy útiles y referencias puntuales del propio Ingberg sobre la traducción de los poemas.
Según las palabras del traductor, “Entre la nutrida lista de traducciones que me ha tocado en suerte ejecutar, muchas de ellas de altas complejidades, no creo equivocarme demasiado si digo que la poesía de Paul Muldoon ha sido la más difícil de todas. No me refiero a que su poesía sea compleja, que lo es y eso es parte del asunto, sino a que es muy difícil y compleja de traducir”1
Confieso que no conocía al poeta, pero tuve la oportunidad de hacerlo cuando se presentó en la UNLa en ocasión de la proyección del filme Paul Muldoon: A life in Lyrics, dirigido por Alan Gilsenan, también presente en el evento, organizado en conjunto con la Embajada de la República de Irlanda en Buenos Aires. Me pareció fascinante su figura, esa actitud particular de estar y no estar, una sutil displicencia—quizás cierta amabilidad controlada—que me sugirió estar frente a un personaje difícil, singular. Decidí entonces conocerlo a través de su obra, que es la forma más sensata de ir más allá de lo personal. Al fin y al cabo, un autor se define por lo que crea.
Busqué su libro por Buenos Aires y comencé a leerlo mientras volvía en el tren al conurbano sur. Tras una primera lectura, ordenada y disciplinada, empecé a inquietarme y a saltear páginas. Ya casi llegando a destino, pensé en Ingberg. El encargo de traducir esta obra seguramente lo puso a prueba, quizá incluso lo tuvo a mal traer. Sin embargo, es probable — como nos ocurre a los traductores — que sintiera una secreta emoción ante el desafío que propone la dificultad. A los traductores nos gusta sufrir; así que me puse en sus zapatos y me instalé en su sistema nervioso… ¿o era el mío? También nos gusta empatizar con los desafíos que enfrentan nuestros colegas.
Imaginé plazos urgentes, palabras intraducibles, retos lingüísticos al por mayor. Y me pregunté: ¿cómo encarar semejante tarea y resolver las complejidades del lenguaje, los códigos secretos, los cambios de registros y estilos, los juegos de palabras, los localismos, la polisemia, la ambigüedad, lo inesperado, sin colapsar en el intento?
El artículo Conocer a Paul Muldoon2me dio nuevas respuestas sobre la experiencia de Ingberg, “Emplea lenguajes y argots científicos, técnicos, políticos, variedades regionales (en la estela de Joyce, invade el inglés británico con vocablos y frases del inglés de Irlanda, y también del estadounidense), coloquialismos, arcaísmos, vulgarismos, cultismos, refranes y expresiones a menudo deformadas, palabras y frases en otras varias lenguas (el irlandés a la cabeza), referencias literarias múltiples y multiformes, referencias históricas a distintas épocas y lugares (a veces en yuxtaposición y analogía), referencias personales, juegos de palabras, juegos sonoros”. ¡Ay, Muldoon, con semejante menú, bendito sea quien se atrevió a traducirte… y tan bien!
Una vez en casa, me propuse elegir un poema y trabajar sobre él; no para traducirlo –Ingberg ya se había lucido con creces–, sino para explorar los vericuetos de sus versos, para impregnarme y apropiarme de lo sensorial, de lo primero que el poema me sugería en su inmediatez, y, finalmente, reflexionar sobre la experiencia. Me hubiera encantado coincidir con lo que quiso decir el poeta, pero solo me acerqué desde mi sensibilidad, mi historia y mi imaginario.
Recordé que en el filme, donde se analiza la vida de Muldoon a través de sus poemas y de las letras de esos poemas adaptadas a canciones e interpretadas por diversos artistas y músicos, me llamó especialmente la atención la elección de Paul McCartney. Así que me decidí por Symposium, el poema seleccionado por él.
Lo que sigue es el poema de Muldoon, junto con la traducción de Ingberg:
SYMPOSIUM
You can lead a horse to water but you can’t make it hold
its nose to the grindstone and hunt with the hounds.
Every dog has a stich in time. Two heads? You’ve been
sold
one good turn. One good turn deserves a bird in the hand.
A bird in the hand is better than no bread.
To have
your cake is to pay Paul.
Make hay while you can still
hit the nail on the head.
For want of a nail the sky
might fall.
People in glass houses can’t see the wood
for the new broom. Rome wasn’t built between two stools.
Empty vessels wait for no man.
A hair of the dog is a friend indeed.
There is no fool like the fool
who’s shot his bolt. There’s no smoke after the horse is
gone.
SIMPOSIO
Puedes llevar un caballo al río pero no puedes hacerlo
quemarse las pestañas y quedar bien con el diablo.
A todo chancho más le vale prevenir. ¿Cuatro ojos? Te
vendieron
una buena acción. Una buena acción vale pájaro en mano.
Pájaro en mano es mejor que peor es nada.
Estar en la
misa es vestir otro santo.
Aprovecha la ocasión
mientras des en el clavo.
Un clavo no hace granero,
tiene cortas las patas.
El que está libre de pecados no puede ver el bosque
por la escoba nueva. Roma no se hizo ni chicha.
Mucho ruido y no espera la carroza.
Una copita para la resaca es amiga en las malas.
A la vejez no hay viruela que tira
la casa por la ventana. Cuando el río suena hay leche
derramada.
Comencemos por el título, “Simposio”3. Aquí tuve que detenerme a investigar para intentar dilucidar el motivo de ese nombre. El traductor también es curioso, un detective frustrado. Fue así que llegué a la antigua Grecia, donde los hombres adinerados se reunían en banquetes llamados “simposios”, espacios en los que se reflexionaba, se filosofaba, se disfrutaba, se contemplaba, y en donde no faltaba el vino, las mujeres, la buena comida y la música.
El simposio era un lugar de disfrute, camaradería y esparcimiento. Había cantos, juegos, acertijos, también cierto libertinaje cuando el alcohol comenzaba a hacer efecto y, a veces, un exceso de euforia que pasaba a la grosería. En la actualidad, en cambio, la palabra asumió un matiz solemne, asociado a lo académico: un evento centrado en la discusión y el intercambio de conocimientos sobre un tema específico.
El 26 de mayo de 2024, el diccionario Merriam Webster eligió symposium4 como “la Palabra del Día” y, luego de dar la definición actual, regresó a la acepción antigua de un encuentro en que el alcohol es protagonista, es decir, una ‘reunión de bebedores’.
En el caso de Muldoon, me quedo con la primera acepción, aunque no en su literalidad absoluta. Pienso que su “Simposio” sugiere un divertimento, un juego de palabras que dialogan entre sí, como aquellas ocurrencias surgidas de algún simposio helénico, y que dan como resultado una construcción que, dentro del disparate, genera un efecto poético poderoso. Con todo esto no quiero decir que Muldoon estuviera alcoholizado cuando escribió esta poesía; bien podría tratarse de un ejercicio lúdico, humorístico, y gozoso, en el que se mezclan fragmentos de refranes y proverbios para transgredir, romper con lo establecido, sorprender al lector, descolocarlo y abrir la mente a nuevos significados y experiencias poéticas.
En cuanto a Ingberg y sus elecciones de traducción, me impresionó su habilidad. Consigue en español un efecto similar al del original. Tuvo que extremar recursos, ponerse en la mente del autor y recurrir a la misma estrategia de combinar refranes —que desde el inicio pueden o no coincidir en significado y propósito—para sostener lo lúdico sin sacrificar sentido ni ritmo. Un logro nada menor frente a una poética tan particular como la de Muldoon. Sin embargo —y acaso esto diga más de mi propia percepción y mi modo de resonar con el texto, que del trabajo del traductor — la versión en inglés me resultó más potente. Quizás porque, en la lengua de origen, el autor pudo elegir combinaciones de fragmentos de refranes que lograran efectos sonoros y musicales deliberadamente buscados, matices que, por la propia naturaleza de las lenguas, no siempre consiguen un efecto poético de igual intensidad en español. Ciertamente, esa diferencia no disminuye en absoluto el mérito de la traducción. Ingberg se lució, y su esfuerzo se vio gratamente recompensado en un resultado que también respira cadencia y sonoridad a pesar de la complejidad del original. Eso es tener valentía creativa al reconstruir un mecanismo poético tan difícil e intrincado.
En lo personal, “Simposio” me remitió al recuerdo, a mi adolescencia cuando entre amigos uníamos aleatoriamente refranes conocidos — como lo hacen Muldoon y su traductor en este poema — para generar significados disparatados. Aún evoco algunos de ellos, que tantos años después de haberlos inventado, siguen enterneciéndome por la inocencia de la consigna y por los resultados que producía.
En otro plano, me sentí parte del simposio: me autoinvité a ese ámbito de creación, de gozo, de disfrute, como lectora y traductora, y eso me llevó a explorar. Entendí que este “Simposio” no solo se lee, se habita. Uno se sienta a la mesa del poema, escucha, juega, interviene, y se va con la sensación de haber levantado una copa para brindar con el lenguaje mismo.
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https://hablardepoesia.com.ar/2025/03/31/conocer-a-paul-muldoon/
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https://hablardepoesia.com.ar/2025/03/31/conocer-a-paul-muldoon/
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https://www.nationalgeographic.com/history/history-magazine/article/ancient-greece-symposium-dinner-party
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https://www.merriam-webster.com/word-of-the-day/symposium-2024-05-26?pronunciation&lang=en_us&dir=s&file=sympos03
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Sobre la autora
María Victoria Illas es Traductora Pública de Inglés egresada de la Universidad Católica Argentina. Docente en la UNLa de las materias Traducción Técnica II y III desde el año 2009 hasta el 2023. En la actualidad, ya retirada del aula, es tutora y correctora del Programa de Prácticas Preprofesionales y tutora/ evaluadora de trabajos finales y editora de la revista de la carrera “En otras palabras/In other words”. Traductora free-lance especializada en Medicina y Farmacología. Traductora y correctora de inglés de la Revista Argentina de Microbiología editada por la Asociación Argentina de Microbiología. Traductora y correctora de estilo de trabajos de investigación médicos. En continua capacitación académica. Amante de la literatura desde siempre y de tantas otras cosas, entre ellas, su profesión, la danza, el arte, la música, los viajes, los libros, el cine y el teatro.