Número 5
En Otras Palabras / In Other Words
Número 5
ISSN 3008-9204
Revista de Estudios de Traducción y Comunicación Intercultural del Traductorado Público de la Universidad Nacional de Lanús

Estudios Irlandeses

Explorando a Paul Muldoon: lo lúdico y otros desvíos

La poesía de Paul Muldoon se mueve con naturalidad en el terreno del desvío del sentido esperado, de las formas simples o predecibles, de lo lineal. Leer e interpretar a Muldoon no es para nada sencillo; exige estar dispuesto a enfrentarse al desconcierto y transitarlo, o bien a darse por vencido y abandonarlo. Incomoda, pero no nos deja indiferentes, nos interpela, nos atrae para que reflexionemos, busquemos, exploremos, arriesguemos. Tal vez no quedemos totalmente satisfechos tras la lectura; sin embargo, algo nos sucedió, nos convocó y nos sorprendió al abordar su poética, y eso ya es mucho.

Desde esa perspectiva, propongo acercarme a su obra, a través de uno de sus tantísimos poemas, extraído del poemario Hay (Heno), incluido en Poemas Selectos 1968-2014. Esta antología, publicada por la editorial argentina El Cuenco de Plata, reúne cuarenta y cinco años de trabajo del poeta (él mismo realizó la selección de esta antología) e incluye la valiosa y osada traducción de Pablo Ingberg, licenciado en Letras y traductor literario. Es una edición bilingüe, que aporta, además, comentarios muy útiles y referencias puntuales del propio Ingberg sobre la traducción de los poemas.

Según las palabras del traductor, “Entre la nutrida lista de traducciones que me ha tocado en suerte ejecutar, muchas de ellas de altas complejidades, no creo equivocarme demasiado si digo que la poesía de Paul Muldoon ha sido la más difícil de todas. No me refiero a que su poesía sea compleja, que lo es y eso es parte del asunto, sino a que es muy difícil y compleja de traducir”1

Confieso que no conocía al poeta, pero tuve la oportunidad de hacerlo cuando se presentó en la UNLa en ocasión de la proyección del filme Paul Muldoon: A life in Lyrics, dirigido por Alan Gilsenan, también presente en el evento, organizado en conjunto con la Embajada de la República de Irlanda en Buenos Aires. Me pareció fascinante su figura, esa actitud particular de estar y no estar, una sutil displicencia—quizás cierta amabilidad controlada—que me sugirió estar frente a un personaje difícil, singular. Decidí entonces conocerlo a través de su obra, que es la forma más sensata de ir más allá de lo personal. Al fin y al cabo, un autor se define por lo que crea.

Busqué su libro por Buenos Aires y comencé a leerlo mientras volvía en el tren al conurbano sur. Tras una primera lectura, ordenada y disciplinada, empecé a inquietarme y a saltear páginas. Ya casi llegando a destino, pensé en Ingberg. El encargo de traducir esta obra seguramente lo puso a prueba, quizá incluso lo tuvo a mal traer. Sin embargo, es probable — como nos ocurre a los traductores — que sintiera una secreta emoción ante el desafío que propone la dificultad. A los traductores nos gusta sufrir; así que me puse en sus zapatos y me instalé en su sistema nervioso… ¿o era el mío? También nos gusta empatizar con los desafíos que enfrentan nuestros colegas.

Imaginé plazos urgentes, palabras intraducibles, retos lingüísticos al por mayor. Y me pregunté: ¿cómo encarar semejante tarea y resolver las complejidades del lenguaje, los códigos secretos, los cambios de registros y estilos, los juegos de palabras, los localismos, la polisemia, la ambigüedad, lo inesperado, sin colapsar en el intento?

El artículo Conocer a Paul Muldoon2me dio nuevas respuestas sobre la experiencia de Ingberg, “Emplea lenguajes y argots científicos, técnicos, políticos, variedades regionales (en la estela de Joyce, invade el inglés británico con vocablos y frases del inglés de Irlanda, y también del estadounidense), coloquialismos, arcaísmos, vulgarismos, cultismos, refranes y expresiones a menudo deformadas, palabras y frases en otras varias lenguas (el irlandés a la cabeza), referencias literarias múltiples y multiformes, referencias históricas a distintas épocas y lugares (a veces en yuxtaposición y analogía), referencias personales, juegos de palabras, juegos sonoros”. ¡Ay, Muldoon, con semejante menú, bendito sea quien se atrevió a traducirte… y tan bien!

Una vez en casa, me propuse elegir un poema y trabajar sobre él; no para traducirlo –Ingberg ya se había lucido con creces–, sino para explorar los vericuetos de sus versos, para impregnarme y apropiarme de lo sensorial, de lo primero que el poema me sugería en su inmediatez, y, finalmente, reflexionar sobre la experiencia. Me hubiera encantado coincidir con lo que quiso decir el poeta, pero solo me acerqué desde mi sensibilidad, mi historia y mi imaginario.

Recordé que en el filme, donde se analiza la vida de Muldoon a través de sus poemas y de las letras de esos poemas adaptadas a canciones e interpretadas por diversos artistas y músicos, me llamó especialmente la atención la elección de Paul McCartney. Así que me decidí por Symposium, el poema seleccionado por él.

Lo que sigue es el poema de Muldoon, junto con la traducción de Ingberg:

SYMPOSIUM

You can lead a horse to water but you can’t make it hold
its nose to the grindstone and hunt with the hounds.
Every dog has a stich in time. Two heads? You’ve been sold
one good turn. One good turn deserves a bird in the hand.

A bird in the hand is better than no bread.
To have your cake is to pay Paul.
Make hay while you can still hit the nail on the head.
For want of a nail the sky might fall.

People in glass houses can’t see the wood
for the new broom. Rome wasn’t built between two stools.
Empty vessels wait for no man.
A hair of the dog is a friend indeed.
There is no fool like the fool
who’s shot his bolt. There’s no smoke after the horse is gone.

SIMPOSIO

Puedes llevar un caballo al río pero no puedes hacerlo
quemarse las pestañas y quedar bien con el diablo.
A todo chancho más le vale prevenir. ¿Cuatro ojos? Te vendieron
una buena acción. Una buena acción vale pájaro en mano.

Pájaro en mano es mejor que peor es nada.
Estar en la misa es vestir otro santo.
Aprovecha la ocasión mientras des en el clavo.
Un clavo no hace granero, tiene cortas las patas.

El que está libre de pecados no puede ver el bosque
por la escoba nueva. Roma no se hizo ni chicha.
Mucho ruido y no espera la carroza.

Una copita para la resaca es amiga en las malas.
A la vejez no hay viruela que tira
la casa por la ventana. Cuando el río suena hay leche derramada.

Comencemos por el título, “Simposio”3. Aquí tuve que detenerme a investigar para intentar dilucidar el motivo de ese nombre. El traductor también es curioso, un detective frustrado. Fue así que llegué a la antigua Grecia, donde los hombres adinerados se reunían en banquetes llamados “simposios”, espacios en los que se reflexionaba, se filosofaba, se disfrutaba, se contemplaba, y en donde no faltaba el vino, las mujeres, la buena comida y la música.

El simposio era un lugar de disfrute, camaradería y esparcimiento. Había cantos, juegos, acertijos, también cierto libertinaje cuando el alcohol comenzaba a hacer efecto y, a veces, un exceso de euforia que pasaba a la grosería. En la actualidad, en cambio, la palabra asumió un matiz solemne, asociado a lo académico: un evento centrado en la discusión y el intercambio de conocimientos sobre un tema específico.

El 26 de mayo de 2024, el diccionario Merriam Webster eligió symposium4 como “la Palabra del Día” y, luego de dar la definición actual, regresó a la acepción antigua de un encuentro en que el alcohol es protagonista, es decir, una ‘reunión de bebedores’.

En el caso de Muldoon, me quedo con la primera acepción, aunque no en su literalidad absoluta. Pienso que su “Simposio” sugiere un divertimento, un juego de palabras que dialogan entre sí, como aquellas ocurrencias surgidas de algún simposio helénico, y que dan como resultado una construcción que, dentro del disparate, genera un efecto poético poderoso. Con todo esto no quiero decir que Muldoon estuviera alcoholizado cuando escribió esta poesía; bien podría tratarse de un ejercicio lúdico, humorístico, y gozoso, en el que se mezclan fragmentos de refranes y proverbios para transgredir, romper con lo establecido, sorprender al lector, descolocarlo y abrir la mente a nuevos significados y experiencias poéticas.

En cuanto a Ingberg y sus elecciones de traducción, me impresionó su habilidad. Consigue en español un efecto similar al del original. Tuvo que extremar recursos, ponerse en la mente del autor y recurrir a la misma estrategia de combinar refranes —que desde el inicio pueden o no coincidir en significado y propósito—para sostener lo lúdico sin sacrificar sentido ni ritmo. Un logro nada menor frente a una poética tan particular como la de Muldoon. Sin embargo —y acaso esto diga más de mi propia percepción y mi modo de resonar con el texto, que del trabajo del traductor — la versión en inglés me resultó más potente. Quizás porque, en la lengua de origen, el autor pudo elegir combinaciones de fragmentos de refranes que lograran efectos sonoros y musicales deliberadamente buscados, matices que, por la propia naturaleza de las lenguas, no siempre consiguen un efecto poético de igual intensidad en español. Ciertamente, esa diferencia no disminuye en absoluto el mérito de la traducción. Ingberg se lució, y su esfuerzo se vio gratamente recompensado en un resultado que también respira cadencia y sonoridad a pesar de la complejidad del original. Eso es tener valentía creativa al reconstruir un mecanismo poético tan difícil e intrincado.

En lo personal, “Simposio” me remitió al recuerdo, a mi adolescencia cuando entre amigos uníamos aleatoriamente refranes conocidos — como lo hacen Muldoon y su traductor en este poema — para generar significados disparatados. Aún evoco algunos de ellos, que tantos años después de haberlos inventado, siguen enterneciéndome por la inocencia de la consigna y por los resultados que producía.

En otro plano, me sentí parte del simposio: me autoinvité a ese ámbito de creación, de gozo, de disfrute, como lectora y traductora, y eso me llevó a explorar. Entendí que este “Simposio” no solo se lee, se habita. Uno se sienta a la mesa del poema, escucha, juega, interviene, y se va con la sensación de haber levantado una copa para brindar con el lenguaje mismo.

  1. https://hablardepoesia.com.ar/2025/03/31/conocer-a-paul-muldoon/

    ↩
  2. https://hablardepoesia.com.ar/2025/03/31/conocer-a-paul-muldoon/

    ↩
  3. https://www.nationalgeographic.com/history/history-magazine/article/ancient-greece-symposium-dinner-party

    ↩
  4. https://www.merriam-webster.com/word-of-the-day/symposium-2024-05-26?pronunciation&lang=en_us&dir=s&file=sympos03

    ↩

Sobre la autora

María Victoria Illas es Traductora Pública de Inglés egresada de la Universidad Católica Argentina. Docente en la UNLa de las materias Traducción Técnica II y III desde el año 2009 hasta el 2023. En la actualidad, ya retirada del aula, es tutora y correctora del Programa de Prácticas Preprofesionales y tutora/ evaluadora de trabajos finales y editora de la revista de la carrera “En otras palabras/In other words”. Traductora free-lance especializada en Medicina y Farmacología. Traductora y correctora de inglés de la Revista Argentina de Microbiología editada por la Asociación Argentina de Microbiología. Traductora y correctora de estilo de trabajos de investigación médicos. En continua capacitación académica. Amante de la literatura desde siempre y de tantas otras cosas, entre ellas, su profesión, la danza, el arte, la música, los viajes, los libros, el cine y el teatro.

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Irish Studies

Exploring Paul Muldoon: Playfulness and other drifts

Paul Muldoon’s poetry naturally drifts away from expected meanings, simple and predictable forms and linearity. Reading and interpreting Muldoon is by no means an easy task; it requires a willingness to confront bewilderment and find one’s way through it, or else simply to give up and walk away. His poetry is unsettling, but does not leave us indifferent; it challenges and draws us in, and invites us to reflect, search, explore and take risks. We may not emerge from the reading completely satisfied; nevertheless, something has stirred within us, has called us forth, and surprised us as we engage with his poetry, and that, in itself, is no small thing.

With this in mind, I chose to approach his work through a poem taken from Hay (Heno), one of the collections included in Selected Poems 1968-2014. This anthology, which brings together forty-five years of Muldoon’s poetic work and whose selection was made by the poet himself, was translated into Spanish by Pablo Ingberg and published in Argentina by El Cuenco de Plata. Ingberg’s translations are both valuable and daring, offering an insightful approach into the complexity and playfulness of Muldoon’s poetic language. With a degree in Literature and a career as a literary translator, Ingberg provides a bilingual edition that also includes highly useful comments and specific observations on his translation of the poems.

He comments, “Among the extensive list of translations that I have been fortunate enough to undertake, many of them highly complex, Paul Muldoon’s poetry has indeed been the most difficult of all. I do not mean that his poetry is intricate—which, it certainly is, and that is part of the challenge—but rather that it is extremely difficult and complex to translate.”1

I confess that I was not familiar with the poet, but I had the opportunity to discover his work when he visited UNLa on the occasion of the screening of the film “Paul Muldoon: A Life in Lyrics”, directed by Alan Gilsenan, who was also a guest at the event, organized jointly with the Embassy of the Republic of Ireland in Buenos Aires. I found Muldoon fascinating in his particular way of being simultaneously present and absent, and in his subtle air of nonchalance—perhaps a certain controlled amiability—which suggested to me that I was in the presence of a difficult, singular character. I then decided to get to know him through his work, which seemed to be the most sensible way to move beyond the personal. After all, authors are defined by what they create.

I searched for his book around Buenos Aires and began reading it on the train back to the southern suburbs. After a first, disciplined reading, I began to feel unsettled and started skipping pages. As I was reaching my destination I thought of Ingberg. The task of translating his poems must surely have tested him, or perhaps even tormented him at times. And yet, it is likely that—as happens to us translators—he may have felt a certain thrill in undertaking the challenge posed by such difficulty. Translators like to suffer; so I put myself in his shoes or—rather, his nervous system…or was it mine? We translators have a tendency to empathize with the challenges our colleagues face.

I imagined tight deadlines, untranslatable words, linguistic challenges. And I wondered: How can we translators survive such a complex task and negotiate the intricacies of language—the secret codes, the shifts in register and style, the puns, the local expressions, polysemy, ambiguity, and the unexpected—without collapsing along the way?

The article Conocer a Paul Muldoon2 [Getting to know Paul Muldoon] gave me further insight into Ingberg’s experience, “Muldoon employs scientific, technical and political languages and jargons, regional varieties (following in Joyce’s footsteps, he incorporates words and phrases from Irish English into British English, and also uses American English), colloquialisms, archaisms, vulgarisms, erudite terms, proverbs and deformed words, phrases and words in several other languages, (Irish above all), multiple and multifaceted literary references to different periods and places (sometimes juxtaposed and used in analogy), personal references, wordplay and sound play.” Oh, Muldoon, with such a complicated menu, bless the person who translated you…and did it so well!

Once I was back home, I set out to choose a poem and work on it; not to translate it—since Ingberg had already done a great job—but to explore the intricacies of its lines, to immerse myself in and grasp the sensory experience, what the poem first suggested to me in its immediacy, and finally to reflect on the experience. I would have loved to arrive at what the poet meant, but I could only approach it through my own sensitivity, my own history, and my own imaginary world.

I remembered that the film explores Muldoon’s life through his poems and songs based on them, performed by various artists and musicians. Paul McCartney’s choice caught my attention, so I decided to focus on Symposium, the poem he had selected.

Below is Muldoon’s poem, together with Ingberg’s translation.

SYMPOSIUM

You can lead a horse to water but you can’t make it hold
its nose to the grindstone and hunt with the hounds.
Every dog has a stich in time. Two heads? You’ve been sold
one good turn. One good turn deserves a bird in the hand.

A bird in the hand is better than no bread.
To have your cake is to pay Paul.
Make hay while you can still hit the nail on the head.
For want of a nail the sky might fall.

People in glass houses can’t see the wood
for the new broom. Rome wasn’t built between two stools.
Empty vessels wait for no man.
A hair of the dog is a friend indeed.
There is no fool like the fool
who’s shot his bolt. There’s no smoke after the horse is gone.

SIMPOSIO

Puedes llevar un caballo al río pero no puedes hacerlo
quemarse las pestañas y quedar bien con el diablo.
A todo chancho más le vale prevenir. ¿Cuatro ojos? Te vendieron
una buena acción. Una buena acción vale pájaro en mano.

Pájaro en mano es mejor que peor es nada.
Estar en la misa es vestir otro santo.
Aprovecha la ocasión mientras des en el clavo.
Un clavo no hace granero, tiene cortas las patas.

El que está libre de pecados no puede ver el bosque
por la escoba nueva. Roma no se hizo ni chicha.
Mucho ruido y no espera la carroza.

Una copita para la resaca es amiga en las malas.
A la vejez no hay viruela que tira
la casa por la ventana. Cuando el río suena hay leche derramada.

Let us begin with the title “Symposium”.3 Here I had to pause and do some research to find out what the word symposium referred to. The translator is a curious creature too, a frustrated detective. And so I found myself in ancient Greece, where wealthy men would gather for banquets known as “symposia”, occasions for reflection, philosophical discussion, enjoyment and contemplation, where wine, women, good food and music were never in short supply.

The symposium was a place of enjoyment, camaraderie, andrevelry. There was singing, games, riddles, and also a certain loss of restraint once the alcohol began to take effect, which sometimes led to an excess of euphoria that turned into vulgarity. Today, by contrast, the word has acquired a solemn academic connotation: an event devoted to discussion and the exchange of knowledge on a specific subject.

On May 26, 2024, the Merriam-Webster Dictionary chose symposium4 as its “Word of the Day” and, after giving the current definition, returned to the ancient meaning of a gathering in which alcohol takes center stage, that is, a “drinking party.”

In Muldoon’s case, I prefer the first meaning, although not in its absolute literal sense. I think his “Symposium” suggests a form of playful exercise, a play on words in which different proverbs and sayings engage in dialogue with one another, like those witty reflections that might have emerged from some Greek symposium, resulting in a construction that, despite its apparent absurdity, produces a powerful poetic effect. By no means do I mean to suggest that Muldoon was intoxicated when he wrote this poem; it could well be a playful, humorous and joyful exercise in which fragments of sayings and proverbs are combined to challenge conventions, surprise and unsettle readers, and open their minds to new meanings and poetic experiences.

As for Ingberg and his translation choices, I was impressed by his skill. He succeeds in producing in Spanish an effect comparable to that of the source poem. He had to draw on every resource at his disposal, put himself in the author’s mind, and resort to the same strategy of combining proverbs—whose meanings and purposes may or may not coincide—in order to sustain the playfulness without sacrificing sense or rhythm. No small achievement when faced with a poetic voice as singular as Muldoon’s. And yet—and perhaps this says more about my perception and the way I resonate with the text than about the translator’s work—the English version struck me as more powerful. This may be because in his original language, the author was able to combine fragments of proverbs in ways that produced the sonic, musical and semantic effects that he deliberately sought, nuances that owing to the very nature of the two languages, do not always have the same impact in Spanish.

Certainly, this difference in no way diminishes the merit of his craft. Ingberg truly excelled, producing a version that also breathes with its own cadence and sonority, at times achieving effects that, while different, are no less powerful. Reconstructing such a difficult and intricate poetic mechanism indeed requires creative courage.

Personally, “Symposium” took me back to my adolescence, when my friends and I would randomly combine well-known proverbs—much as Muldoon and his translator do in this poem—to create absurd and nonsensical effects. I can still recall some of those playful inventions, which, so many years later, still make me smile fondly because of the silliness of the ideas and the results they produced.

In the end, I felt that I was, in a way, part of the symposium: I invited myself to the gathering, entering that space of creation and enjoyment, both as a reader and as a translator, and this led me to explore further. I came to understand that this Symposium is not merely something to be read; it is something to be inhabited. One sits at the poem’s table, listens, plays, interacts, intervenes, and leaves with the feeling of having raised a glass and made a toast to language itself.

  1. https://hablardepoesia.com.ar/2025/03/31/conocer-a-paul-muldoon/

    ↩
  2. https://hablardepoesia.com.ar/2025/03/31/conocer-a-paul-muldoon/

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  3. https://www.nationalgeographic.com/history/history-magazine/article/ancient-greece-symposium-dinner-party

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  4. https://www.merriam-webster.com/word-of-the-day/symposium-2024-05-26?pronunciation&lang=en_us&dir=s&file=sympos03

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About the author

María Victoria Illas es Traductora Pública de Inglés egresada de la Universidad Católica Argentina. Docente en la UNLa de las materias Traducción Técnica II y III desde el año 2009 hasta el 2023. En la actualidad, ya retirada del aula, es tutora y correctora del Programa de Prácticas Preprofesionales y tutora/ evaluadora de trabajos finales y editora de la revista de la carrera “En otras palabras/In other words”. Traductora free-lance especializada en Medicina y Farmacología. Traductora y correctora de inglés de la Revista Argentina de Microbiología editada por la Asociación Argentina de Microbiología. Traductora y correctora de estilo de trabajos de investigación médicos. En continua capacitación académica. Amante de la literatura desde siempre y de tantas otras cosas, entre ellas, su profesión, la danza, el arte, la música, los viajes, los libros, el cine y el teatro.

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