Número 5
En Otras Palabras / In Other Words
Número 5
ISSN 3008-9204
Revista de Estudios de Traducción y Comunicación Intercultural del Traductorado Público de la Universidad Nacional de Lanús

Estudios Irlandeses

Complicidad y silencio: las lavanderías de las Magdalenas

A fines de 2024 se estrenó Cosas pequeñas como esas dirigida por el belga Tim Mielans. Protagonizada por Cillian Murphy, es la adaptación de una breve, pero muy potente novela de la escritora irlandesa Claire Keegan. En solamente 96 páginas, Keegan cuenta la historia de Bill Furlong, un hombre que vende carbón y madera, padre de 5 hijas que vive en un pueblo del interior de Irlanda en el año 1985. En uno de sus repartos habituales al convento local, Furlong se encuentra con una mujer muy joven, casi adolescente, desesperada, que lo coloca no solo en la encrucijada de ayudarla o no, sino que también lo enfrenta a sus propios demonios del pasado. Aun cuando ni el libro ni la película describen explícitamente qué es lo que sucede en ese convento, solo se menciona que es una lavandería de las Magdalenas, es evidente para el personaje de Furlong que involucrarse en tal situación podría destruirle la vida. Y es que lo que ocurría en ese convento, y como en tantos otros, era siniestro.

Desde la fundación del Estado Libre Irlandés en 1922 y hasta 1996 unas 10 000 niñas mujeres fueron encarceladas y obligadas a realizar trabajos no remunerados y sometidas a graves maltratos físicos y psicológicos en las instituciones de las Magdalenas de Irlanda. Estas instituciones, mayormente lavanderías y talleres de costura con fines de lucro, fueron carcelarias y punitivas, estaban distribuidas en todo el país y eran dirigidas por monjas de 4 órdenes religiosas (las Hermanas de la Misericordia, las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad, las Hermanas de la Caridad y las Hermanas del Buen Pastor).

Entre las mujeres y niñas que fueron confinadas se encontraban madres solteras, hijas de madres solteras, víctimas de abuso sexual, prostitutas, mujeres consideradas “promiscuas”, “caídas” como solían llamarlas, o aquellas que eran simplemente percibidas como una carga para sus familias o la Iglesia.

Las condiciones de vida dentro de los conventos eran infrahumanas. Cuando ingresaban, a menudo les cambiaban el nombre por el de una santa y les daban un número de identificación. Les cortaban el pelo y les quitaban su propia ropa, que era reemplazada por un uniforme gris. Tenían prohibido hablar de su lugar de origen y de su familia. Se imponía la regla del silencio permanente y no tenían contacto de ningún tipo con el exterior. Las mujeres y niñas eran obligadas a lavar, planchar, empaquetar y coser ropa de la mañana a la noche, sin recibir ningún tipo de retribución. Los castigos por negarse a trabajar incluían el aislamiento, maltrato físico y verbal, la privación de alimento y abrigo y hasta humillaciones como raparlas. Era común que murieran ahí. Las que pudieron escapar, tal vez en la parte de atrás de una camioneta que repartía carbón, eran capturadas y devueltas por la guardia nacional. Y los castigos, atroces. Si algunas tenían la fortuna de ser liberadas, estaban tan severamente desconectadas de la realidad y traumatizadas que no lograban reinsertarse en la sociedad.

El Estado nunca reguló el funcionamiento de las lavanderías de las Magdalenas a pesar de que las reconocía y avalaba como lugares de detención y cuidado de niñas y mujeres y, aún más grave, mantenía relaciones comerciales con ellas, tal como se comprobó posteriormente.

Recién en 1993, y a partir de un escándalo que se desató de manera inesperada cuando se exhumó una fosa común en donde se encontraron los restos de 155 mujeres ubicada en la propiedad de uno de los conventos donde funcionaba una de las lavanderías más extensas de Dublín, el secreto a voces fue revelado. Sin embargo, no fue hasta el año 2011 que la agrupación “Justicia para las Magdalenas” presentó un informe ante el Comité de Torturas de las Naciones Unidas. En 2013, una comisión liderada por el senador Martin Mc Aleese investigó la denuncia y comprobó que el estado participó en el funcionamiento de las lavanderías en complicidad con la iglesia católica. En 2014, el Estado Irlandés pidió disculpas formales a las sobrevivientes y sus familiares y, a partir de 2022, otorgó indemnizaciones.

Dice la escritora Mariana Enríquez a propósito de la novela y de la película: “Hay algo deliberado en el silencio de Cosas pequeñas como esas que da en el corazón del duelo, la complicidad y el terror de tantos años (…) La información es esencial para restablecer identidades, dar una dimensión del desastre y gritar la violencia que sufrieron las mujeres y niñas.”

En el parque Stephen 's Green de Dublín está emplazado un monumento que recuerda a las niñas y mujeres que pasaron y murieron por las lavanderías del horror. Todo parece poco, y lo es. No existe compensación posible para tantos años de sometimiento, dolor, complicidad y el silencio más absoluto.

Sobre la autora

María Daniela Saccone es traductora pública en idioma inglés y profesora de inglés, con sólida formación académica y experiencia docente en el ámbito universitario. Actualmente se desempeña como Directora del Traductorado Público en Idioma Inglés de la Universidad Nacional de Lanús. Asimismo, está a cargo de las asignaturas Traducción Técnica II y Traducción Técnica III.

Volver a la revista

Irish Studies

Complicity and Silence: the Magdalene Laundries

At the end of 2024, Small things like these directed by the Belgian Tim Mielans was premiered. Starring Cillian Murphy, it is an adaptation of a short but very powerful novel by the Irish writer Claire Keegan. On just 96 pages, Keegan tells the story of Bill Furlong, a man who sells coal and wood, a father of 5 daughters who lives in a village of Ireland in 1985. In one of his usual deliveries to the local convent, Furlong encounters a very young, almost adolescent, desperate woman, who places him not only at the crossroads of helping her or not, but also confronts him with his own demons from the past. Although neither the book nor the film explicitly describe what happens in that convent, it is only mentioned that it is a Magdalene Laundry, it is very clear to Furlong that engaging in such a situation could destroy his life. What really happened in that convent, and in so many others, was evil.

From the foundation of the Irish Free State in 1922 and until 1996, around 10,000 women and girls were imprisoned and forced to perform unpaid work and subjected to serious physical and psychological abuse in the institutions of the Magdalenes of Ireland. These institutions, mostly laundries and for-profit sewing workshops, were prison-like and punitive, distributed throughout the country and were led by nuns from 4 religious orders (las Sisters of Mercy, Sisters of Our Lady of Charity, Sisters of Charity and the Sisters of Good Shepherd).

Among the women and girls who were confined were single mothers, daughters of single mothers, victims of sexual abuse, prostitutes, women considered "promiscuous", “the fallen ones” as they used to be called, or those who were simply perceived as a burden to their families or the Church.

The living conditions within the convents were infrahuman. When they entered, they were often renamed to a saint and given an identification number. They cut their hair, and took away their own clothes, which was replaced by a grey uniform. They were not allowed to talk about their place of origin and their family. The rule of permanent silence was imposed and they had no contact of any kind with the outside. Women and girls were forced to wash, iron, pack and sew clothes from morning to night, without receiving any kind of remuneration. Punishments for refusing to work included isolation, physical and verbal abuse, deprivation of food and shelter, and even humiliation such as shavingt their heads. It was very usual for them to die there. Those who were able to escape, perhaps in the back of a coal-delivered truck, were captured and returned by the national guard. And the punishments, atrocious. If some of them were fortunate enough to be released, they were so severely disconnected from reality and traumatized that they were unable to re-enter society.

The State never regulated the operation of the Magdalene Laundries even though it recognized them as places of detention and care for girls and women and, even more severely, maintained business relationships with them, as it was subsequently proven.

Only in 1993, and following a scandal that was unexpectedly unleashed when a mass grave was exhumed where the remains of 155 women were found on the property of one of the convents where one of the largest laundries in Dublin operated, the open secret was revealed. However, it was not until 2011 that the “Justice for Magdalenes” group submitted a report to the UN Committe against Torture. In 2013, a commission led by Senator Martin Mc Aleese investigated the complaint and found that the State had participated in the operation of laundry facilities in complicity with the Catholic Church. In 2014, the Irish State formally apologized to survivors and their family members and, as of 2022, granted indemnities.

Writer Mariana Enríquez says about the novel and the movie: "There is something deliberate in the silence of Small things like these that aims to the heart of the mourning, complicity and terror of so many years (...) Information is essential to restore identities, give a dimension to the disaster and shout the violence suffered by women and girls."

At Stephen’s Green Park in Dublin, a monument is set that recalls the girls and women who passed and died through the horror laundry rooms. Everything seems little, and it is. There is no possible compensation for so many years of submission, pain, complicity and absolute silence.

About the author

María Daniela Saccone is sworn translator and English professor, with strong academic background and teaching experience in the university field. She is currently the Director of the Translation Studies Program at National Universitiy of Lanús and also teaches Technical Translation II and III.

Go back